Jesús Rafael Soto

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 Jesús Rafael Soto (Ciudad Bolívar, Venezuela, 1923-París, 2005) llegó a Francia en 1950. Al año siguiente participa en el Salon des Réalités Nouvelles donde conocerá a artistas como  Jean Tinguely , Yaacov Agam o Pol Bury. En 1955, Soto y su nuevo grupo de amigos serán convocados por la galerista Denise René para participar en la histórica exposición “ Le mouvement ”, considerada punto de inicio del arte cinético. Jesús Rafael Soto , hacia 1970. Foto:  Lothar Wolleh En aquellos años ya se perfila en el artista venezolano el profundo interés por las nociones de tiempo y movimiento como conceptos esenciales de la sociedad contemporánea que él convertirá en una idea predominante en su obra. Tal como le dijo a Daniel Abadie, en una entrevista para el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas en 1983: su objetivo era eliminar ese “concepto de obra que fija un momento del Universo para demostrar al contrario que éste es algo en movimiento”. Jesús Rafael Soto.  Desplazamiento de un elemento lum

George Steiner: vivir la obra de arte

En el primer capítulo de su libro Presencias reales, George Steiner aboga por un recorrido a través de la experiencia creadora como una forma de aprehender el enigma de una obra de arte. Así, en lugar de aproximarse a lo creado desde un discurso orbital, que podría ser propio del ejercicio crítico tradicional, se busca asumir la atención a lo artístico desde la experiencia creadora que le dio origen. En este sentido, el comentario que se podría hacer sobre una obra de arte, es decir, la crítica como suele entenderse, se limitaría a una explicación de tipo histórico y contextual que, paradójicamente, tendría que abstenerse de resultar valorativa.


Portada del libro Presencias reales de George Steiner, editado por Destino

La relación entre arte y vida

El planteamiento fundamental de Steiner surge de una profunda relación entre la obra de arte y la vida (entendida esta como una trascendencia), y en el hecho de que la mejor manera de entender una creación  no es a partir de su verbalización sino de la exaltación de su vitalidad inmanente. 

Con todo esto, Steiner se coloca de espaldas a la consecuencia inevitable que proviene de todo comentario crítico: la construcción de un sentido que, a pesar de sus mejores intenciones, siempre será el sentido propio del comentario y no el de la obra comentada. De allí que proponga "una definición de valores desprovista, en la mayor medida posible, de “metatextos: textos sobre textos (pinturas o música), conversación académica, periodística y académico-periodística (el formato hoy día dominante) sobre estética".

Por eso, el autor se orienta por una hermenéutica donde el significado alcanzado goce de inmortalidad, en los términos de lo que él llama un “entendimiento responsable", "una aprehensión activa” que se encuentra en la interpretación trascendente de la obra de arte. 

Intérprete antes que crítico

De todo esto resulta esclarecedora la noción de intérprete que Steiner promueve: "Un intérprete es un descifrador y un comunicador de significados. Es un traductor entre los lenguajes, entre culturas y entre convenciones performativas. Es, en esencia, un ejecutante, alguien que “actúa” (acts out) el material ante él con el fin de darle vida inteligible. […] la interpretación es comprensión en acción; es la inmediatez de la traducción".

Se tiene entonces que todo ejercicio crítico, que si bien puede asumir las funciones de descifrador y comunicador de significados, y de traductor entre lenguajes, quedaría desvirtuado sino asume la “ejecución” como sustento de esa “comprensión en acción”. 

Una relación más cercana con la obra de arte

El planteamiento puede resultar utópico pero en todo caso guarda una cierta frescura que proviene del carácter desprejuiciado que asume frente a la obra de arte, y de la gran confianza que genera en el espectador, a quien se le ofrece la oportunidad de saltarse el comentario intercesor del crítico y de acudir, él mismo, a la interpretación de lo artístico.

Esta actitud, que se coloca al margen del sentido elaborado del crítico, se halla en la base de muchas de las propuestas de arte de la participación y arte experimental que dominaron buena parte de las décadas del sesenta y setenta. 

Estas experiencias no iban necesariamente en contra de la crítica, aunque formaba parte de su programa de acción. En todo caso descansaban sobre el interés de estrechar los lazos entre el artista y el receptor, al punto de fundirlos en el ámbito único de la creación. 

Un modelo para la educación artística

El libro de George Steiner es de 1989, justamente cuando aquellas prácticas habían sido superadas por la pintura y el mercado de los ochenta, sostenidos ambos por el irrefrenable empuje de los metatextos que lanzaban figuras estelares del arte contemporáneo mundial. Cuando ya el arte se hallaba en el dramático epílogo de su historia.

Es probable que el pensamiento de Steiner haya podido cristalizarse en una que otra experiencia aislada. No obstante, allí no radicaría el objetivo de su modelo. Su importancia tal vez se halle en un programa educativo o de formación artística a largo alcance que forme individuos con una mayor seguridad en la apreciación de la obra de arte y con una mayor autonomía acerca del juicio estético.

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