Robert Frank

Robert Frank. Elevator, Miami Beach, 1955

Si el mundo del arte pudiera dividirse entre aquellos creadores que se orientan por la búsqueda de la belleza y quienes van tras una verdad, el trabajo de Robert Frank (Zúrich, Suiza, 1924-Nova Scotia, Canada, 2019) se ubicaría sin problemas entre estos últimos. Sin embargo, esta opción por la verdad no significa necesariamente una relación panfletaria o escandalosa con el mundo que rodea al artista.

Se trata más bien de una estrategia que basa la práctica de la fotografía en la relevancia de “imperfecciones” resueltas en desencuadres, desenfoques y fragmentaciones. Estos actúan como vehículos para un desplazamiento del sentido que va en contra de la narración lineal y unívoca que solía esperarse de una fotografía, especialmente durante el optimismo moderno de los años cincuenta.


Robert Frank. Parade, Hoboken, New Jersey, 1955

La desestabilización revela una opción por el espectador, para que sea este quien se involucre en la construcción del significado de la imagen. Esa participación requiere muchas veces despojarse de la supuesta estabilidad de la mirada y de los relatos que inmovilizaban el piso social y político de nuestras convicciones.

Porque más allá de la dicotomía entre lo bello y lo verdadero, Frank se empeña en decirnos que la esencia de lo verdadero tal vez sea su constante mutabilidad. Es particularmente notorio observar cómo ese carácter inestable de la realidad pasa de una mirada externa como en el caso de The Americans hacia una dimensión interna que tiene que ver con su vida personal y la vejez.


Robert Frank. St. Rita's Hospital, Nova Scotia, 1991

Ese tránsito vital se expresa también en el paso de la fotografía al cine que Frank experimentó y que se explica en esa presencia dominante de la imagen como una entidad difícil de asir. Tal dificultad ya se anunciaba en el rechazo de la belleza previsible que se halla en The Americans, en especial cuando el artista afirmaba: “trato de no ser visto”, convencido de la alerta y la impostura que una cámara genera cuando es detectada en el espacio público. Aquella obra, publicada en 1959, contribuyó enormemente a cimentar la fama de Robert Frank como figura de referencia dentro del ámbito de la fotografía y el cine contemporáneos.


Robert Frank. San Francisco, 1956

Igualmente, ese ir en contra de lo bello como proceso de la imagen lo conecta con la crudeza que la fotografía alcanzó durante la postguerra, especialmente con la estética del neorrealismo italiano como una de sus principales influencias. Estos aspectos se revelan en la obra de Frank en esa preferencia por aspectos descarnados de la realidad, donde la improvisación y el efecto inacabado del instante pueden ser reveladores de la condición humana.

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