Hugo Baptista


Hugo Baptista. Barcos y gruas, 1958
Galería de Arte Nacional, Caracas

El pintor Hugo Baptista (La Grita, Venezuela, 1935) forma parte de una generación de artistas venezolanos que entre las décadas del cincuenta y sesenta se mueve en varias vertientes de estilo: una que sigue la senda de la nueva figuración, otra que explora el arte informal y la que persiste en la abstracción geométrica.

En el caso de Baptista, su primera propuesta notable de trabajo se produce entre estas décadas y en ella se observa una predisposición hacia una abstracción lírica basada principalmente en el color, impregnada de un sentido poético que mucho debe a los grupos artísticos y literarios a los que estuvo siempre ligado.

La influencia literaria

Esta filiación a intelectuales y creadores de otras áreas de la cultura debe mucho también a la actualización estética que tiene lugar en su país y que hará posible un cruce de ideas entre distintas prácticas. En una entrevista hizo ver la importancia que habían tenido estas agrupaciones en lo que él llamó su formación bohemia: “Ya no se hablaba de Mondrian, de Kandinsky, de Van Gogh, sino también de Baudelaire, de Rimbaud, de los poetas malditos, de Sartre. Cuando llegamos a París ya estábamos noticiados de muchas cosas y un poco contagiados con una preocupación valorativa y estética en el campo de las bellas artes y en la filosofía”.

La abstracción lírica para recomponer la realidad

En este plano general del arte venezolano, la inclinación de Baptista hacia un lenguaje marcado por la efusividad cromática y una libre construcción de las formas surge en gran medida de una insatisfacción con respecto a la realidad que le rodea y que él busca reconstruir a través de una senda subjetiva.

En una primera etapa de su trabajo se observa el interés primordial en el color, cuya energía era capaz de sobrepasar la definición de las figuras aún reconocibles. Más tarde, algunas vicisitudes políticas y sobre todo una actitud poética mucho más definida modifican las referencias materiales que se insinuaban en su etapa anterior para asumir a un planteamiento más libre y simbólico.

Etapas más destacadas en la trayectoria de Hugo Baptista

En su trayectoria destaca la serie de los “Barcos”, que realizó durante una estancia en Europa, entre 1957 y 1962. En estas escenas marinas supo aprovechar el ritmo de las olas y la actividad propia de los puertos para encauzar la fuerza cromática y dinamizar aún más la composición. En Caracas, luego de ser encarcelado por razones políticas a principios de los sesenta, presentó un conjunto de pinturas bajo el título “El sueño verdugo”.

Posteriormente, a partir de los setenta, su pintura retomó el vigor cromático por la que es más reconocida, aunque también dedicó un capítulo a explorar la depuración del color para una exposición que tituló “Blanco bajo sospecha” y a desarrollar en los últimos años un mayor interés en la expresión de la textura.

Hugo Baptista al piano en una noche en el Camilo's. Caracas, sin fecha. Foto: Vasco Szinetar

La pintura como una experiencia placentera

Un presencia característica del trabajo de Baptista es la vitalidad que buscó siempre en su expresión plástica, así como la nota de optimismo que a pesar de la realidad política de su tiempo supo comunicar desde la sensualidad cromática y desde la afirmación de la pintura como una experiencia placentera. El color fue como una suerte de ánima que le permitió replantear sus vínculos con el entorno material.

En una oportunidad expresó lo incómoda que le resultaba lo que llamaba la “ordinaria y cotidiana familiaridad” de lo que está a la vista, y cómo se empeñó en desarmarla a través del color. Al respecto afirmó: "algunas veces sentimos una extraña sorpresa de propiedad con el mundo. El todo consiste en haber sido antes demasiado presente. Por los medios del color establecemos proposiciones de nexos vitales."

Comentarios

lo más visto

Cristina Merchán

Una escoba para Seka

Ramón Vásquez Brito: lejanías de silencio