Omar Carreño


Omar Carreño. Fachada del edificio de la Facultad de Odontología, UCV, Caracas, 1957
Fotografía: Rodrigo Benavides

En Omar Carreño se compendia un capítulo de nuestra historia reciente que ofrece una perspectiva poco frecuente al estudio del arte abstracto latinoamericano de los últimos sesenta años. Desde muy temprano, su posición como creador se forjó en el deseo de ubicar la obra en una corriente de pensamiento que trascendiera lo plenamente plástico, y que sin negarlo se mostrara atenta a los cambios que demarcaban los avances de la ciencia y su impacto en la filosofía y los modos de organización del ser humano en sociedad.

Ideas de esta índole llamaban la atención de aquel joven artista en los años que inauguraban la década del cincuenta, y esa interiorización del conocimiento fue guiando su opción por la abstracción geométrica. De esta manera, un arte que desde su apariencia era calificado como alejado de las circunstancias de la realidad, en Carreño se convertía en punta de lanza de una investigación que lo llevaba, por una parte, a colocar en un mismo nivel de efervescencia creativa al artista y al destinatario de su obra, y por la otra, a convocar disciplinas diversas, como la arquitectura, la física o la ingeniería, para que acompañaran esta labor.

Tal reajuste, que suponía la comparecencia de un espectador activo así como la apertura del arte hacia otras esferas del conocimiento, significó un replanteamiento de la pintura que la condujo a modificar sus aspectos más esenciales a fin de testimoniar el advenimiento de una era marcada por la necesidad de inscribir el aporte del artista más allá de los muros del museo. Este esfuerzo por abrirse a otros ámbitos del espacio tuvo en 1957 dos ejemplos culminantes en la trayectoria de Carreño, como fueron las policromías y el mural para el edificio de la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela, y una escultura monumental móvil, pionera en el país (hoy desaparecida), para una unidad vecinal en Pariata, estado Vargas, de la cual, felizmente, una nueva versión se yergue ya en los espacios públicos de Caracas.

Desde estos dos hitos, que fueron a su vez encargos del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, se orienta la selección de obras para esta exposición. A partir de ellas se quiere resaltar las indagaciones artísticas de Omar Carreño en torno a la pintura y su concreción en el espacio como objeto tridimensional. Desde este conjunto se propone también una aproximación a la manera de Carreño de entender la abstracción geométrica, la cual, amén de la autonomía significativa de sus composiciones, se vuelve por igual lugar para el encuentro y la concordia, para el conocimiento del ser humano y el desarrollo de su espíritu. Ese habría sido el cometido inicial de su obra y es el que fundamentó sus realizaciones más recientes.

(Texto de presentación de la exposición "Omar Carreño. La pintura en el espacio", en el Centro de Arte La Estancia, Caracas, febrero 2010).

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