Mateo Manaure

Mateo Manaure. Mural para el edificio de la Maternidad Concepción Palacios, hacia 1956

La abstracción geométrica en la obra de Mateo Manaure (Uracoa, Venezuela, 1926-Caracas, 2018) actúa como un lenguaje plástico que aspira a modificar la historia. Sus estructuras compositivas basadas en la razón se hallan muy próximas al ideal de una sociedad en América latina a mediados del siglo XX. De esa geometría y de sus colores surge un postulado estético que resultará eficaz en una pintura, el mobiliario o la fachada de un edificio.

Mateo Manaure. El negro es un color, 1956. Mercantil, Caracas

En la trayectoria de Manaure esa geometría cedió espacios a una expresión más orgánica que jugó con algunas referencias naturalistas, como en la serie Suelos de mi tierra. En estas telas los elementos plásticos asumen una función más simbólica, evidente en el color que encauza el recuerdo cromático del río y la sabana. También en la materia pictórica como reminiscencia telúrica y en las texturas como señales de una imprecisa geografía.

Mateo Manaure. Suelos de mi tierra, 1967. Galería de Arte Nacional, Caracas

En otra serie conocida como Columnas policromadas, la apuesta del artista parece insistir en la consideración poética del destello. Dispuestas sobre un fondo oscuro, las columnas se organizan en una geometría definida pero no asfixiante por donde asoma el interés en vincular arquitectura y pintura. Este diálogo entre sombra y luz se entiende como una constante en el artista, tal cual el celebrado retrato de Yolanda Boulton, esposa del historiador y mecenas venezolano Alfredo Boulton.

Mateo Manaure. Columnas policromadas, 1976. Galería de Arte Nacional, Caracas

El arte abstracto geométrico y especialmente su incorporación pública señalaron el surgimiento de una inédita organización del espacio en la joven nación suramericana. La arquitectura actuó en gran medida como una inductora de los nuevos modelos de comportamiento urbano. En un primer momento, Manaure se decidió por una abstracción de formas y colores de un cierto lirismo, aunque luego su trabajo se impregnó de un planteamiento más racional. Así se alcanzó una feliz integración entre la pintura, el volumen arquitectónico y la interacción con el entorno de naturaleza y ciudad.

Mateo Manaure. Mural de la plaza cubierta, 1954. A la izquierda: Jean Arp. Pastor de nubes, 1953. Ciudad Universitaria de Caracas

Las cuvisiones, o visiones a través del cubo, plantearon un problema específico como es el estudio de una estructura carente de masa. Esto era un tema que preocupó a los artistas abstracto-geométricos desde siempre, pero que luego de los años sesenta condujo a un interés hacia lo inmaterial. Manaure atiende a este tema desde una óptica bidimensional y en muchas ocasiones desde la serialidad de la estampa.

Mateo Manaure. Sin título, 1976. Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

El carácter reproducible de la obra le permitió estrechar la relación entre artes plásticas y literatura. Con ello estimuló el encuentro con otros medios que ampliaron el deleite estético más allá del soporte tradicional de la pintura. Esta cualidad podría asumirse como específica del artista no sólo en lo que atañe a su labor como diseñador de libros, sino, en general, al anhelo moderno de diluir las expresiones artísticas por los ámbitos más diversos de la vida social. Tal habría sido la meta que iluminó siempre el trabajo de este gran pionero venezolano de lo moderno.

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