Jesús Rafael Soto

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 Jesús Rafael Soto (Ciudad Bolívar, Venezuela, 1923-París, 2005) llegó a Francia en 1950. Al año siguiente participa en el Salon des Réalités Nouvelles donde conocerá a artistas como  Jean Tinguely , Yaacov Agam o Pol Bury. En 1955, Soto y su nuevo grupo de amigos serán convocados por la galerista Denise René para participar en la histórica exposición “ Le mouvement ”, considerada punto de inicio del arte cinético. Jesús Rafael Soto , hacia 1970. Foto:  Lothar Wolleh En aquellos años ya se perfila en el artista venezolano el profundo interés por las nociones de tiempo y movimiento como conceptos esenciales de la sociedad contemporánea que él convertirá en una idea predominante en su obra. Tal como le dijo a Daniel Abadie, en una entrevista para el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas en 1983: su objetivo era eliminar ese “concepto de obra que fija un momento del Universo para demostrar al contrario que éste es algo en movimiento”. Jesús Rafael Soto.  Desplazamiento de un elemento lum

La reminiscencia indígena en la escultura de Pedro Barreto

Pedro Barreto. Penacho, 1997. Ateneo de Valencia, Venezuela

Pedro Barreto (Santa Catalina, Delta Amacuro, 1935-Lecherías, Anzoátegui, 2008) es uno de los escultores venezolanos más importantes de la segunda mitad del siglo veinte. 

Sus inicios en la madera se remontan a su época como aprendiz de carpintero, en Tucupita.

En los años sesenta, su obra alcanzó un hito significativo con la contundencia simbólica de los tótems, que derivaron hacia un universo de formas donde destaca la impronta constructiva y a la vez orgánica del soporte.

En 1969, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para estudiar en la Escuela de Artes de la Universidad de Tokio, Japón. 

De regreso a nuestro país desarrolló esculturas en madera pulida y pintada que sobresalen por su geometría precisa, el empleo del ensamblaje y la capacidad de síntesis. 

El envío de Barreto al Salón Michelena de 1997, Penacho, representa la continuación de su proceso escultórico, el cual busca la simplificación en provecho de la potencialidad expresiva de la forma.

A gusto con las reminiscencias indígenas que acuden a su trabajo, y lejos de rechazar las asociaciones simbólicas que puede establecer el espectador, Barreto no duda en trasladar los contenidos extraformales a los títulos de sus obras, que remiten a aves, ríos o, como en este caso, a penachos de alguna tribu imaginaria.

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