El vínculo con la pintura en la cerámica de Josefina Álvarez


Josefina Álvarez. Vasija vibrada, 1994. Gres. 16 x 38,5 ø cm. Colección Galería de Arte Nacional, Caracas 

Hoy he pasado parte de la mañana conversando con la ceramista venezolana Josefina Álvarez. Estuvimos tratando de fechar una de sus vasijas, lo cual es una rareza porque me dice que no deja sus piezas sin firmar y sin colocarles el año en que las hace. 

Es una obra muy simple en su forma, pero como está hecha en gres adquiere un carácter que solo un material como ese le puede dar. Para aumentar el atractivo, en el interior decidió colocar un esmalte que se debate entre el azul y el gris, según la ubicación y el ánimo del observador.

La investigación sobre la fecha de esa vasija continuará, pero mientras tanto aproveché para hablar con ella sobre otras etapas de su obra, y me dijo algo que me pareció muy importante: que siempre busca incorporar un tema en su trabajo. 

Con esa decisión trasciende el posible carácter funcional. Como suele ocurrir con la cerámica para el uso, muchas veces el talento del artista y su virtuosismo para construir formas a partir del barro hace que la pieza quede aislada del contexto utilitario que le dio origen. 

Lo que encontré interesante es que sus temas, por lo menos  en dos casos, tenían una manifiesta vinculación con la pintura: con Morandi, durante los ochenta y luego con Reverón ya más reciente.

Josefina Álvarez. Botella azul cobalto, 1986. Gres. 15,4 x 9,5 ø cm 

De esas dos referencias se puede inferir que la dimensión del objeto que llama la atención de Josefina Álvarez no es necesariamente la del virtuosismo en la ejecución de la forma, sino la del vínculo que esos objetos, como expresiones de un mundo interior, puede tener con el ser humano. 

Así ocurrió en la sensibilidad de Morandi cuando emprendió su conocida serie de pinturas con el tema de los objetos cerámicos funcionales, donde su intención parecía ser la de recrear un clima de intimidad, el tiempo lento de la casa que se desprende del cromatismo que ilumina esas botellas y vasijas. 

En Reverón, la presencia del objeto tiene también un carácter marcado, porque antes que incorporarlo en su pintura, el artista de Macuto creó expresamente a través de sus objetos una dimensión de lo doméstico que estaba impregnada completamente por la fantasía.

Josefina Álvarez. Sin título, 2001. Gres. 

Pero me parece que lo que busca Josefina Álvarez cuando investiga la obra de estos dos artistas no es reproducir un conjunto de formas, sino acceder a un clima de la pintura que ella se propone traducir a partir de los materiales que domina: la arcilla, sus tonos y el juego con los esmaltes. 

Esto es palpable en la serie dedicada a Morandi, pero mucho más en las lajas con las que quiso investigar la visión cromática de Reverón, la expresión de su pincelada y el carácter en cierto modo azaroso que ha intervenido en la definición expresiva de su pintura. 

A partir de allí Álvarez se ha entregado a la cerámica, ya no como forma útil, sino como placas que se moldean de modo incontrolado, que apuestan por la vertiente más involuntaria de la quema y por el imprevisible resultado. Y es en ese frágil equilibrio donde tal vez se encuentre el mayor atractivo de estas piezas.

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