Víctor Julio González, bandera lejana



En el arte actual, las referencias para intentar elaborar una interpretación del mundo se deslizan audazmente a través de proposiciones que superan los antiguos enclaves del estilo, la tendencia y el movimiento. Con ello se expone el decaimiento del substrato teórico que durante el siglo XX sirvió para erigir ilusorias parcelas donde se agrupaban geómetras tenaces, defensores del gesto incontrolado, militantes de una pintura social o cultores de una mirada edénica de nuestro entorno.

El trabajo más reciente de Víctor Julio González (Valencia, Venezuela, 1965) constituye un valioso ejemplo de esa recuperación de señales que aluden sin complejos a una tradición artística expresada en el paisaje y en sus convenciones técnicas y materiales. Sin embargo, en su caso, tales indicios se convierten en un sugerente medio de apariciones oníricas, de ambiguas e inciertas postales de un prolongado viaje interior, que en otro contexto habría quedado velado como una manifestación del inconsciente.

Las obras que se exhiben ahora en “Bandera lejana” (Centro Cultural BOD, Caracas) remiten a la persistencia natural del horizonte, a la visión obnubilada de una bandera, al drama recurrente de una imagen cruenta y a los avatares de luz y color revelados en una quema del paisaje. El predominio pictórico lo modifican un grabado temprano que anuncia las pautas con que opera la mirada creadora, un video que recrea el proceso mental de construcción de un símbolo y, finalmente, el vestigio de un lienzo que postrado en un caballete insinúa un comentario sobre la pintura y la realidad inefable que ella contiene.

La pintura del artista se apoya en un proceder que remite al oficio del carpintero que él y sus ascendientes han practicado. Allí tal vez se origine el tenor volumétrico de su trabajo, del que se aprovecha la imagen que se expande por el anverso y los cantos del cuadro. Allí el cuadro parece sublimarse y se propone entonces como un objeto de pura visión. En esa vehemencia subjetiva del lugar, la obra de Víctor Julio González se nos augura como el ámbito de comprensión que invitaría a la introspección más urgente del presente que vivimos.


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