Una memoria íntima de Caracas

Su único interés parecía puesto en rescatar de los márgenes a figuras que se perdían en la nada, en devolverlas a la historia, quizá para mostrar que las sombras de los márgenes son las que determinan cómo será la luz del centro.

Tomás Eloy Martínez. “Sebald o el lugar de la conciencia”.



El proyecto “Caracas: memoria íntima” reúne testimonios de una ciudad que para muchos tal vez resulte desconocida. Esto quizás se deba a que varios de sus sitios emblemáticos se han desfigurado por causas urbanísticas o porque el fluido acceso a tales lugares se halla constreñido como consecuencia del devenir político y social que en las últimas décadas nos define.

Provenientes de fotografías ubicadas en archivos privados, estos testimonios ofrecen una narración inacabada de los afectos que alguna vez se hicieron públicos entre los habitantes de esta urbe. Esta intimidad se manifiesta en las experiencias personales presentes en cada imagen, pero también en la coincidencia de miradas entre quienes aparecen en las fotos, quienes las conservaron y quienes ahora las contemplan en esta exposición.



Con este proyecto queremos contribuir al pensamiento sobre lo visual contemporáneo a través de imágenes no necesariamente profesionales, cuya amplitud de origen antecede incluso a la fotografía móvil que predomina en las redes sociales. Aspiramos así a la valoración de los archivos fotográficos y documentales de carácter privado desde el singular aporte que hacen a la reflexión sobre la conformación de lo público y el ser ciudadano. 

Aunque puede parecer una contradicción abordar el espacio de la ciudad desde una perspectiva de lo íntimo –un ámbito del individuo que para muchos no debería ser tema de difusión pública–, lo que indagamos en este ejercicio curatorial apunta a revelar una cotidianidad y sociabilidad que surgen cuando atendemos a los intersticios sensibles que hay tras la ciudad entendida solo como objeto de una práctica política.



Esta visión de lo íntimo recurre a enfoques más espontáneos y plurales que ponen a prueba o revitalizan la noción de identidad elaborada desde la macro perspectiva de la Historia. En las imágenes exhibidas la memoria opera como un mecanismo de construcción social donde lo recordado es algo que todavía está vivo, nacido de una experiencia cercana y no de un discurso ajeno en el tiempo, susceptible de fácil manipulación. La supervivencia del recuerdo no es artificial o de manual, sino que está alimentada por narrativas personales que fomentan la aparición de conexiones alternativas con el pasado.

La fotografía resultó el medio idóneo para abordar esta mirada. Antes que asumirla desde las estrategias que le han otorgado un merecido estatus de objeto de arte, lo que ha privado en este caso es el potencial de la imagen fotográfica como estimulante de una retórica personal. Por eso, en lugar de un concurso, la convocatoria para participar en este proyecto se planteó como una "conversación" a partir del conjunto visual obtenido. Ese atributo de diálogo proviene del hecho de que muchas de estas fotografías cumplen aún una función afectiva ya sea en una mesa de retratos, en una cartera o en un cajón olvidado de nuestras casas. De esta forma, la cámara al alcance de cualquier persona se confirma en su papel de poderoso instrumento comunicacional y de construcción de sentido.

Para reunir este cuerpo de obras se hizo una convocatoria a través de las redes sociales del Centro Cultural Chacao, en la que se invitaba al público a enviar sus fotografías por correo electrónico. Estas tenían que registrar por lo menos un personaje en un lugar de Caracas que en lo posible tuvieran ambos alguna conexión sensible con el remitente de la imagen, quien no necesariamente tenía que ser su autor. Se recibieron poco más de cien fotografías, de las cuales se seleccionaron noventa, en un arco cronológico que cubre de 1949 al 2015. En sala, cada trabajo se acompañó con la identificación del nombre del (o los) retratado(s), junto con una breve semblanza aportada por el propietario de la imagen. 

Son múltiples las interpretaciones que se pueden hacer de las obras recibidas para la exposición. En cuanto a sus orígenes y usos, los tres lugares que más se repitieron en la muestra evidencian, por una parte, un estrecho vínculo con la idea de nación, como en el caso del Paseo los Próceres; por la otra, la búsqueda de encuentros con la naturaleza, probablemente gracias al fácil acceso que ofrece el Parque del Este; y finalmente, la necesidad de diseños urbanos más organizados como el representado por la plaza Altamira.

Si bien uno de los requerimientos de la convocatoria fue que las fotografías se enviaran en una resolución de alta calidad, muchas veces esto no fue posible debido a que, en el caso de la cámara incorporada en los dispositivos móviles, estas produjeron imágenes de un tamaño más limitado. De aquí se infiere que la mayor riqueza y solidez informativa de las imágenes de naturaleza analógica, las hace idóneas para el recuerdo. En cambio, las realizadas actualmente con el móvil corren el peligro de convertirse en un comentario visual a riesgo del olvido.

En los espacios contenidos en la muestra la experiencia personal de lo social se produjo al abrigo del monumento entrañable, del significado "transpersonal" del lugar emblemático. Es desde allí que se tejió la relevancia pública de esta intimidad de Caracas que forma parte de nuestra historia y convivencia cotidianas. Desde allí la ciudad se convirtió en el intermitente escenario que a veces, todavía, hace posible el compartir, la risa y la esperanza.


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