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Manuel Quintana Castillo, la piel del tiempo

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Manuel Quintana Castillo es uno de los artistas venezolanos más importantes en la segunda mitad del siglo XX. Su obra destaca principalmente por el profundo compromiso con la pintura, en una época de marcadas innovaciones en las técnicas y materiales artísticos. Ese compromiso se materializó en una continua reflexión sobre la representación de la realidad y en el misterio del acto creador que da lugar a la obra de arte. Manuel Quintana Castillo.  Pintura topológica El estudio de la producción artística de Manuel Quintana Castillo constituye un capítulo de gran interés para la historia de las artes visuales venezolanas, toda vez que su labor creadora, que supera ya las cinco décadas, ha estado marcada por un profundo compromiso con la pintura, el cual se sustenta sobre la base de un gran tesón investigativo y de una incesante exploración subjetiva. Luego de haber recorrido el itinerario que su espíritu inconforme y su intuición creadora le han propuesto a lo largo de su actividad co

El quiebre del género en la obra de Humberto Rivas

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Humberto Rivas.  Mercé , 1986 Dos imágenes persisten tras visitar la exposición de Humberto Rivas (Buenos Aires, 1937-Barcelona, 2009) en el Centre Cultural La Nau, de Valencia. Por una parte, están los rostros que se ofrecen cercanos, diáfanos y luminosos al espectador. Por la otra, se reiteran locales y viviendas con puertas y ventanas cerradas, en calles esquinadas, bajo una penumbra matutina o nocturna. Los rostros son en su mayoría de personas (también hay algunas caras de animales). Sin embargo, en la sala, el rótulo sólo los identifica por su nombre, cuestionando el protagonismo que predomina con frecuencia en este tipo de registros. Las fotografías de los inmuebles son escenas urbanas y al igual que en los retratos, el autor tiende a los encuadres cerrados. Aquí el rótulo suele mencionar el topónimo respectivo, pero es poco lo que se distingue de una ciudad en particular. Surge entonces la sensación de que los retratos y los paisajes no son lo que deberían ser. Hay un quieb

Alejandro Otero ante el espíritu de su tiempo

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Alejandro Otero, 1947. París. Foto: Rogi André Alejandro Otero nació el 7 de marzo de 1921 en El Manteco, un remoto pueblo de mineros y buscadores de fortuna ubicado en el estado Bolívar, al sur de Venezuela. En aquel tiempo su padre, José María Otero Fernández, se dedicaba a la extracción del caucho o goma del balatá, aventura que luego de un año y medio fue interrumpida por su inesperado fallecimiento. En medio de no pocas estrecheces económicas, junto con su madre María Luisa Rodríguez y su hermano José Miguel, la infancia de Otero transcurrió en el entorno natural de la cercana población de Upata, cuyo recuerdo tuvo siempre como el sustento vital de su vocación artística. Estudios de arte en Caracas En 1938, una vez concluidos los estudios de primaria en Ciudad Bolívar, Alejandro Otero se trasladó a Maracay para prepararse como maestro rural. Para entonces, su hermano, quien ya estaba residenciado en Caracas, lo invitó a pasar unos días en la capital del país. Conoció el

Una memoria íntima de Caracas

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Su único interés parecía puesto en rescatar de los márgenes a figuras que se perdían en la nada, en devolverlas a la historia, quizá para mostrar que las sombras de los márgenes son las que determinan cómo será la luz del centro. Tomás Eloy Martínez. “Sebald o el lugar de la conciencia”. El proyecto “Caracas: memoria íntima” reúne testimonios de una ciudad que para muchos tal vez resulte desconocida. Esto quizás se deba a que varios de sus sitios emblemáticos se han desfigurado por causas urbanísticas o porque el fluido acceso a tales lugares se halla constreñido como consecuencia del devenir político y social que en las últimas décadas nos define. Provenientes de fotografías ubicadas en archivos privados, estos testimonios ofrecen una narración inacabada de los afectos que alguna vez se hicieron públicos entre los habitantes de esta urbe. Esta intimidad se manifiesta en las experiencias personales presentes en cada imagen, pero también en la coincidencia de miradas entre quienes apare

Víctor Julio González, bandera lejana

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En el arte actual, las referencias para intentar elaborar una interpretación del mundo se deslizan audazmente a través de proposiciones que superan los antiguos enclaves del estilo, la tendencia y el movimiento. Con ello se expone el decaimiento del substrato teórico que durante el siglo XX sirvió para erigir ilusorias parcelas donde se agrupaban geómetras tenaces, defensores del gesto incontrolado, militantes de una pintura social o cultores de una mirada edénica de nuestro entorno. El trabajo más reciente de Víctor Julio González (Valencia, Venezuela, 1965) constituye un valioso ejemplo de esa recuperación de señales que aluden sin complejos a una tradición artística expresada en el paisaje y en sus convenciones técnicas y materiales. Sin embargo, en su caso, tales indicios se convierten en un sugerente medio de apariciones oníricas, de ambiguas e inciertas postales de un prolongado viaje interior, que en otro contexto habría quedado velado como una manifestación del inconsciente. La

Carlos Cruz-Diez: esencias inestables

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Carlos Cruz-Diez. Laberinto de transcromía , sin fecha. Foto: Abel Cárdenas/El Tiempo En este artículo exploro la obra del artista venezolano Carlos Cruz-Diez desde la perspectiva del tiempo, en el marco de una exposición titulada “Efímeras”, que fue presentada en el Centro Cultural Chacao de Caracas, en 2016.  En el texto abordo tres aspectos que considero fundamentales para iniciar un acercamiento a la obra del maestro Cruz-Diez: La situación del arte abstracto en América Latina a mediados de los años cincuenta. La relación de Cruz-Diez con el color. La presencia del tiempo como un concepto en la obra. Situación del arte abstracto en América Latina a mediados de los años cincuenta A mediados del siglo XX, las artes visuales  en América Latina mostraban una especie de insatisfacción en relación con el modo en que asimilaban la creciente complejidad de lo real.  La ruptura con la representación de las formas conocidas (vale decir, el arte figurativo) que fue una de las consecuencias de

Cerámica venezolana 1955 - 2008. Colección Mercantil

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Cerámica venezolana reúne aproximadamente ciento cincuenta obras pertenecientes a la Colección Mercantil, realizadas entre 1955 y 2008 por un significativo grupo de artistas venezolanos. La muestra está organizada a partir de diez modelos conceptuales que proporcionan pistas para la comprensión de nuestra cerámica y las relaciones de armonía y tensión que estableció en su búsqueda de la forma artística. Destacan en la selección notables piezas poseedoras de una clara voluntad utilitaria, junto con otras que exploran las posibilidades tridimensionales de la escultura, y las que finalmente abordan la amplitud espacial más decidida de las instalaciones. Desde su confirmación en Venezuela como una disciplina con claros alcances artísticos, la cerámica ha logrado momentos de esplendor en la historia del arte nacional y más allá de nuestras fronteras. Especialmente entre las décadas del cincuenta y noventa del siglo XX, se produjo una efervescencia investigativa y creadora que dio lugar a im

La reminiscencia indígena en la escultura de Pedro Barreto

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Pedro Barreto.  Penacho , 1997. Ateneo de Valencia, Venezuela Pedro Barreto (Santa Catalina, Delta Amacuro, 1935-Lecherías, Anzoátegui, 2008) es uno de los escultores venezolanos más importantes de la segunda mitad del siglo veinte.  Sus inicios en la madera se remontan a su época como aprendiz de carpintero, en Tucupita. En los años sesenta, su obra alcanzó un hito significativo con la contundencia simbólica de los tótems, que derivaron hacia un universo de formas donde destaca la impronta constructiva y a la vez orgánica del soporte. En 1969, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para estudiar en la Escuela de Artes de la Universidad de Tokio, Japón.  De regreso a nuestro país desarrolló esculturas en madera pulida y pintada que sobresalen por su geometría precisa, el empleo del ensamblaje y la capacidad de síntesis.  El envío de Barreto al Salón Michelena de 1997, Penacho , representa la continuación de su proceso escultórico, el cual busca la simplificación en provec